Bienvenido a Pamplona

Pamplona es un paraíso porque así lo quiso dios,

orgulloso que me siento de allí haber nacido yo...

Tienes un mágico encanto que cautiva el corazón...

 

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Semana Santa en Pamplona - La procesión de los verdugos de cristo

El historiador pamplonés Armando Gómez Latorre (1979), dijo que: “La imponente, majestuosa, solemne e interminable Procesión del Miércoles Santo salía entonces -y sigue saliendo- de la Iglesia del Carmen. En Pamplona, llamada religiosamente la Ciudad Mitrada, causaban admiración y espanto, beneplácito o repudio según el color político rojo o azul dos pasos destacados: uno correspondiente a los judíos de rostros patibularios que azotan a Cristo cruelmente; y otro, detrás en seguimiento, de los que arrastran al Nazareno de cabestro, con placentero ademán, como oveja al matadero. Aquellos Pasos Santos, de insinuante apología doctrinaria y de acerba crítica política implicaban, ni más ni menos, las supuestas persecuciones contra la Iglesia en el siglo pasado de los gobiernos liberales de José Hilario López por las medidas de intolerancia y expulsión de los jesuitas; y contra el general Mosquera, que había sido presidente conservador en el cuatrienio 1845-1849 pero que ahora, después de un viraje de cuarenta grados, en 1861 decretaba, contra la tolerancia liberal, la desamortización de bienes de manos muertas, la tuición de cultos y el destierro de algunos obispos, entre ellos el de la Diócesis de Pamplona. Los Pasos, verdaderas reliquias religiosas y folclóricas, no han desaparecido pero están distorsionados en su mensaje y contenido. Datan del siglo pasado y fueron traídos de España durante la dictadura de la Regeneración. El cura párroco de la Iglesia del Carmen, don Baltasar Vélez, los encargó a un imaginero español quien, complacido con el encargo, se las arregló para que aparecieran como blanco, el general Mosquera y como negro el general López. No obstante, los rostros de los notables mandatarios granadinos de la pasada centuria, impresionan por sus gestos grotescos y atrabiliarios más que por la fealdad de su delito.

Entonces, y por aquellas calendas juveniles, bajo el férreo báculo de Monseñor Rafael Afanador y Cadena, los cirios de los alumbrantes, la monotonía de los cantos gregorianos, las dobles filas blancas y negras de los seminaristas, el paso marcial de las tropas, los fatigantes desfiles de los colegios entre ellos nuestro Liceo de San Tarsicio de la feligresía murmurando rezos y contriciones, aquellos pasos, repetimos, suscitaban en todos, sentimientos de fé y de piedad ante el Cristo flagelado y suplicante, que más bien parecía repudiar el sentido político de su viacrucis” (Revista Semana Santa N° 33, 2007).

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