Bienvenido a Pamplona

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Semana Santa en Pamplona - Semana Santa de antaño

El profesor, Luis Fernando Velandia (q. e. p. d.), decía en 1998, que si se comparara la Semana Santa antigua con la del final del siglo XX, se notarían diferencias extremas, aludiendo estas a las costumbres, y al comportamiento social, que han cambiado y aún lo siguen haciendo en el siglo XXI. 

Exponía que, en lo esencial, el sublime drama del Calvario siempre tendrá el infinito significado que congrega anualmente al mundo católico para acelerar con fé sobrenatural el divino misterio de la Resurrección. Pero que los cambios se debían al paso del tiempo que transforma todo. 

Recordaba que nuestra Semana Mayor se equipara a las de Tunja, Mompós, y Popayán, y que el realce y esplendor de la nuestra se debía a la cooperación de Don Augusto Ramírez Villamizar, quien con la Asociación de Amigos de Pamplona la rescató cuando decaía en las décadas del setenta.  

Evocaba Velandia, algunos aspectos de la Semana Santa de antaño, decía que: “El Domingo de Ramos había concurrencia de la gente del campo que formaba un tupido bosque de palmas (muchas entretejidas con singular esmero), para recordar la entrada triunfal de Jesús a la veleidosa Jerusalén. Ahora muchos campesinos, por las trágicas causas que conocemos, han tenido que radicarse en 4 las ciudades, y las palmeras, al igual que las restantes arboledas, hay que mantenerlas intactas, para así evitar la desertización del medio ambiente”.  

El Lunes y el Martes Santo las procesiones salían en la tarde, desde los templos de El Carmen y las Nieves, arreglados los pasos con flores de Pamplona. “Desde el Miércoles Santo las emisoras nacionales transmitían especialmente música muy apropiada para estimular la meditación y el recogimiento. También se dramatizaban por radio pasajes de la Pasión, todos ellos con excelente reparto. 

Los teatros “Jáuregui y Cecilia” proyectaban películas en blanco y negro bastante gastadas (…) cuyos argumentos se basaban en relatos bíblicos, era costumbre, en los clubes sociales, al igual que en las salas de billar, colocar sobre las mesas “pabellones” con los focos apagados para advertir que temporalmente se suspendía el juego, “el mundanal ruido”. Los carros de plaza que eran seis se guardaban el Jueves y el Viernes Santos. Las calles, empedradas quedaban desiertas. 

Ahora hay muchos automóviles particulares, buses inmensos y dinosaurios “tractomulas” que entran con bullicio y dejan el humo contaminante, en las calles de la ciudad. 

En este Jueves los fieles se esmeraban por cumplir “religiosamente” el viejo dicho de “Semana Santa”, con vestido nuevo. En efecto, las damas y los caballeros “volteaban el baúl, y abrían los escaparates de fragante cedro. Se ponían las mejores galas, con el fin de concurrir digna y elegantemente a los sublimes oficios que la liturgia señala para la fecha. Ellas ataviadas con telas de superior calidad y con sus respectivos aderezos de oro auténtico. Ellos con ternos de los famosos paños “león, campana y Atlas grano de pólvora” y hasta las puntuales beatas estrenaban pañolones de seda de amplio fleco y de paso, recopilaban o mejor, inventaban nuevos…. chismes”. 

Agregaba el profesor Velandia que: “Antes y ahora, en Pamplona, las gentes y los visitantes van en romería a venerar los bellísimos monumentos donde Jesús Hostia Sagrada es expuesto en templos parroquiales y capillas. El Jueves Santo era tradicional en la mayoría de hogares, el opíparo almuerzo “de los siete potajes”, las amas de casa al calor del carbón preparaban variados y exquisitos platos cuya 5 

calidad se debía a la experiencia y sazón de ellas y a la sana calidad de los productos del campo libres del exceso de plaguicidas y abonos químicos que hoy pululan”. 

Evocaba el maestro Velandia que el bien aliñado pan pamplonés que era de los mejores del país al igual que los ponqués, mantecadas, pasteles y otras producciones de la repostería ya hoy son solamente delicadezas que se perdieron entre la bruma de los más gustosos recuerdos. Desde el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, como un espontáneo tributo de amor filial al Divino Redentor, próximo a la consumación del cruento sacrificio, no se tocaban las campanas solo el ruido sordo de las matracas invitaba a los oficios religiosos y al recogimiento. 

Además, el Viernes y Sábado Santo los pamploneses acostumbraban a vestirse de luto. El Domingo de Ramos estrenaban vestido de colores. Los caballeros, bien puestos, lucían su vestido de paño completo y sombrero. También se evitaba barrer y cocinar en esos días, considerados muy sagrados. Los alimentos se preparaban con anticipación y en muchos casos se llegó a decir que las personas no debían bañarse los días Viernes y Sábado Santo. 

En los colegios, el Viernes Santo los estudiantes orientados por sus profesores, que en muchos casos eran religiosas se preparaban para asistir a las celebraciones de la tarde, y acostumbraban a hacer silencio absoluto dizque para escuchar el ruido que hacían los judíos al clavar a Jesús en la cruz, se inclinaban hasta el suelo y colocaban su oído sobre el oído. Estas costumbres se han perdido. 

No hay versiones exactas sobre la fecha o año en el cual se inició la Semana Santa, por tradición oral se sabe que empezó desde la fundación de la ciudad. La Semana Santa de Pamplona recogió las mejores tradiciones religiosas de España, representadas en algunas de las imágenes que salen en procesión, de ellas varias tienen hasta 400 años y cada una posee su historia, decía el profesor Velandia. 

“La primera Iglesia según tradición histórica fue la Ermita de las Nieves, que está situada junto al a la Iglesia El Carmen, allí se hicieron las primeras procesiones de Semana Santa por curas doctrineros (…), ellos se regían por el calendario Gregoriano, en sus cantos y lecturas, y por el misal romano; y por todo lo relacionado con la Pasión que se encuentra en la Biblia: hacían la Semana Santa igual que en Popayán, Romanos: Tunja o Santafé de Bogotá” (Rosa Aura 1994, pág. 35). 

“Imagina el pueblo pamplonés que antiguamente, cuando se hacían las procesiones, serían las principales: La entrada de Jesús a Jerusalén conocida como el Domingo de Ramos, la muerte de Jesús en la Cruz, el Sepulcro y la Resurrección” (Rosa Aura 1994, pág. 35).  

“La Semana Santa se caracteriza por la presencia de su historia, su religiosidad, su cultura, su arte y su pura espiritualidad y mística”, sigue afirmando Rosa Aura. 

Las procesiones se realizaban, y aún se llevan a cabo con imágenes de Cristo en su pasión y muerte. De la Virgen María y de símbolos relacionados con el sacrificio para recordarnos a los católicos que Jesús padeció por nosotros y para renovarnos en la fé. Ovidio Parada Fernández (1993) dijo que: “La Semana Mayor de Pamplona, es siempre antigua, siempre nueva, siempre solemne, tradición centenaria conservada en su esencia que ni el paso del tiempo, ni los avatares de la vida moderna han podido cambiar” (Revista Semana Santa N° 16).  

La procesión de cada día Santo, aún tiene según la imagen central venerada en cada parroquia, un sello o un lema espiritual que cada año renueva la Iglesia, para que los fieles practiquemos con cristiandad etapas de fé las cuales nos ayudarán a caminar con Cristo. 

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